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La ecología como cuestión de clase

Dossier sobre ecologia y capitalismo

septiembre de 2007

Todas las versiones de este artículo:

 

En este país la palabra “ecosocialista” ha sufrido un cierto desprestigio. No obstante, se hace cada vez más urgente encontrar los lazos apropiados entre el proyecto socialista revolucionario i el combate contra la destrucción ecológica del planeta... y de sus habitantes. Aquí os ofrecemos algunos apuntes para un debate insoslayable.

Mitos y realidades tecnológicas, desafíos sociales

por Daniel Tanuro [1]

De cuando en cuando, los medios de comunicación se hacen eco de proyectos sofisticados como la puesta en órbita de espejos para reflejar una parte de la radiación solar en el espacio o la manipulación del patrimonio genético de bacterias del estómago vacuno para reducir la emisión de metano en el sector de la ganadería. Un sinfín de sorprendentes y complejos inventos…

En la misma línea, en lo referente al cambio climático, se alimenta la idea de un desafío complicadísimo, al que la tecnociencia todavía no está en condiciones de aportar respuestas.

Esta idea es totalmente falsa por las siguientes razones :

1)La lucha contra el derroche y a favor de una eficacia energética permitiría reducir las emisiones de gas con efecto invernadero rápidamente, en una proporción muy importante y empleando técnicas perfectamente conocidas (lo cual también es válido para la reducción de emisiones procedentes del sector agrícola)

2)Ya existen tecnologías que permitirían sustituir completamente o casi todos los combustibles fósiles por energía solar (o geotermia) en unas décadas. Se trata de ponerlas en marcha y perfeccionarlas, no de inventar nuevas.

Un sistema ineficaz basado en el derroche

El término “derroche” engloba tres aspectos diferentes : el derroche propiamente dicho (el uso inútil), la falta de eficacia de los equipamientos (la mejor técnica posible en una época determinada no se aplica en todas partes) y el del sistema energético en sí (su carácter más o menos racional o irracional).

Los políticos señalan a menudo la dimensión individual del primer aspecto : los consumidores deberían utilizar menos el coche, bajar el termostato de la calefacción un grado más, apagar las luces, tapar las cazuelas cuando cocinan… En general las demás manifestaciones del derroche energético (el despilfarro de recursos de las empresas que compiten desenfrenadamente por el mercado y, sobre todo, el hecho de que sectores enteros del sistema productivo como la fabricación de armas o la publicidad sean totalmente inútiles o nocivos) son silenciadas incluso por la mayoría de las ONG defensoras del medioambiente. Lo mismo ocurre con el tercer aspecto, la irracionalidad del sistema energético global.

Así pues, las posibilidades de reducción del consumo energético se focalizan casi siempre sobre el derroche individual por una parte y sobre la mejora de la eficacia de equipamientos, edificios, etc. por otra. Los mensajes que se derivan de esta perspectiva oscilan entre la ética y la técnica, dejando en la sombra una reflexión política y social global. Sin embargo, incluso reduciéndolo en esos dos ámbitos, el derroche energético de la sociedad capitalista sigue siendo impresionante. Se considera que una política que combinara ahorro y eficacia permitiría dividir por dos el consumo de energía (y así el efecto invernadero) de los países desarrollados.

Estructuralmente, el sistema energético es poco eficaz porque está basado en la producción centralizada de una energía de alta calidad termodinámica, que luego es transportada a distancias alejadas (lo cual ocasiona pérdidas) y utilizada con fines para los cuales sería más racional recurrir a una energía de menor calidad, producida in situ. La revolución solar es posible.

¿Una cuestión técnica o política?

La sustitución de energías fósiles por energías renovables no depende de descubrimientos científicos revolucionarios sino de una voluntad política de desarrollar lo que ya existe. El potencial técnico de estas energías renovables (es decir de la cantidad de energía renovable utilizable en el estado actual de desarrollo de los conocimientos y procesos) equivale a entre seis y siete veces el consumo energético mundial. Se debe insistir además en que este potencial técnico podría duplicarse o triplicarse en unos quince años si se diera prioridad absoluta en materia de investigación energética al desarrollo de las energías renovables.

Globalmente, de aquí a 2050 es técnicamente posible satisfacer las necesidades energéticas crecientes de los países en vías de desarrollo dominando al mismo tiempo el efecto invernadero. A más largo plazo, si se consigue frenar el frenesí productivista y reorientar rápidamente la investigación energética hacia las energías renovables, los progresos de la ciencia deberían permitir explotar cada vez más la radiación solar. Las decisiones políticas son determinantes. Así pues, no tienen ningún fundamento científico los discursos neomalthusianos basados en el supuesto agotamiento de los recursos energéticos disponibles para justificar una regulación del clima por la limitación autoritaria de los nacimientos, por ejemplo.

Tampoco tiene ningún fundamento científico la cantinela del lobby de la energía nuclear.

Clima y soberanía alimentaria

Según un informe de la FAO, «En unos cuarenta países pobres que totalizan 2000 millones de personas de las cuales 450 millones sufren hambre, las pérdidas causadas por el cambio climático a nivel de producción agrícola aumentarían de forma dramática el número de subalimentados”. Los países de la África subsahariana serían los más afectados. Se considera que hay unos 1100 millones de hectáreas de tierras áridas en los que el periodo de crecimiento de los cultivos es inferior a 120 días. De aquí a 2080, esta superficie podría crecer entre un 5% y un 8%. Más allá de África, todas las regiones tropicales y subtropicales se verían afectadas. La producción de cereales de 65 países que albergan a más de la mitad de la población del tercer mundo corre el peligro de reducirse de unos 280 millones de toneladas (lo que corresponde a un 16% del PIB agrícola de dichos países).

Eficiencia energética y renovable

Equipar con paneles solares fotovoltaicos todos los tejados orientados al sur que hay en la Unión Europea permitiría cubrir el conjunto de las necesidades europeas de electricidad. (Comisión Europea, “A Vision for PV Technology for 2030 and Beyond”, Informe preliminar del Grupo Asesor sobre Tecnología Fotovoltaica, 2004).

Reparto desigual de los daños

La cuestión de la desestabilización del clima mundial tiene implicaciones enormes en términos de justicia social y de desigualdad global. Hasta el presente, los daños causados en la atmósfera han sido principalmente obra de los países ricos, mientras que son los más pobres los que más aprisa sufrirán sus efectos.

Ahora, la justicia climática!

Declaración de Durban sobre el comercio de carbono (extractos)

Como representantes de los movimientos populares y de las organizaciones independientes, rechazamos la afirmación según la cual el comercio de carbono evitará la crisis climática. La causa principal de ésta crisis no es sino la extracción de combustibles fósiles y la liberación dentro de los océanos, el aire, el suelo y los seres vivos del carbono que contienen. La combustión excesiva de hidrocarburos amenaza actualmente la capacidad de la Tierra para mantener un clima tolerable.

“Establecer el precio del carbono” no será más eficaz, más democrático ni más favorable al bienestar humano que establecer el precio de los genes, de los bosques, de la biodiversidad o de los ríos limpios.

Reafirmamos que la reducción drástica de las emisiones provocadas por la utilización de combustibles fósiles es una condición previa para evitar la crisis climática. Afirmamos nuestra responsabilidad hacia las generaciones futuras, consistente en buscar soluciones reales que sean viables y verdaderamente duraderas, y que no sacrifiquen las comunidades marginalizadas.

Nos comprometemos, pues, a dar apoyo a la construcción de un movimiento mundial de base por la justicia climática, a movilizar las comunidades del mundo y a declararnos solidarios con los que sobre el terreno se oponen al comercio del carbono.

Signada el 10 de octubre de 2004.

El concepto de cambio climático “antrópico” (causado por los seres humanos) merece ser criticado, porque tiende a escamotear la responsabilidad específica del capitalismo.

El planeta antes que los beneficios: para cuando?

por Olivier Besancenot

La manera como se trata la importante cuestión del cambio climático y de la emisión de gases de efecto invernadero ilustra perfectamente la absurdidad de un mundo que va cabeza abajo. Y la hipocresía de los que nos dirigen, ya se traté de los gobiernos o de los directivos de las grandes multinacionales.

Cambiar radicalmente la manera como producimos, consumimos, circulamos, nos alojamos, nos calentamos… es absolutamente necesario para ivertir la carrera hacia al abismo y dar una oportunidad al planeta y a la humanidad. Pero eso no se puede hacer sin transformar completamente el sistema industrial y económico actual, la de la economía de mercado y del beneficio, el mismo donde Exxon y TotalElfFina hacen la ley.

El futuro de la ecología política? Es el anticapitalismo!

Cuáles son las reivindicaciones urgentes?

por Vincent Gay, miembro de la LCR, sección francesa de la IV Internacional.

Una serie de medidas inmediatas deben perfilar un cambio profundo en las decisiones políticas y económicas, por tal de:

 rehabilitar el principio de una planificación a diferentes niveles, que abastezca los recursos, su utilización, la ordenación del territorio...

 salir de los mecanismos de mercado y de su corolario neoliberal “todo en manos privadas”.

 reorientar y aumentar las inversiones públicas, por ejemplo en materia de infraestructuras ferroviarias o de desarrollo de las energías renovables.

Efectivamente, cada una de las medidas que debemos avanzar desde hoy tan solo tienen sentido si se inscriben en un plan de conjunto, una revolución energética a escala mundial, que modificará nuestras maneras de desplazarnos, de consumir, de producir, de calentarnos, de ordenar el territorio...

No podemos desconectar estas propuestas del análisis de las negociaciones internacionales sobre el clima y de sus evoluciones en curso y futuras. Aunque marcado por insuficiencias, el protocolo de Kioto tuvo el mérito de plantear el principio de “responsabilidad común pero diferenciada”, que implicaba que el esfuerzo de reducción de las emisiones de gases con efecto invernadero debía recaer, ante todo, en los países industrializados. Tememos que este principio se vuelva a poner en cuestión por una extensión de los “mecanismos de desarrollo limpio” y por el establecimiento de un mercado mundial del carbono.

Notas

[1] Publicado en el número RG#36 julio-agosto 2007


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