Martes 15 de abril de 2008
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Por Carlos Sevilla Alonso
Las elecciones italianas nos traen malas noticias. El retorno del berlusconismo, las coincidencias del mismo con el veltronismo, los escombros del gobierno Prodi que han caído sobre la “izquierda de gobierno”, el ligero ascenso de la extrema derecha; en fin, la crisis de una izquierda que urge reconstruir.
En “Italia se repite”, el editorial de El País del sábado 12 de Abril acerca de la campaña electoral, nos encontramos, más allá de la apuesta clara por la derrotada candidatura de Walter Veltroni por el Partido Democrático, con una afirmación precisa y exacta: “en realidad la diferencia entre ambos es menos de programa que de ética política”. En efecto, ambos candidatos se acusaban mutuamente durante la campaña electoral de haberse robado el programa.
Sin embargo, la vuelta al poder del bloque social, político y cultural constituido por el berlusconismo constituye una terrible noticia para toda la izquierda. El desastre producido por el gobierno Prodi, al haber defraudado las expectativas de un electorado deseoso de cambios y no haber sido capaz de romper con el berlusconismo en aspectos fundamentales (precariedad, guerra, derechos civiles, regeneración democrática) ha pesado sobre toda la izquierda. Primero, con el nacimiento del propio Partido Democrático (Pd), formación derrotada que se ha desembarazado definitivamente de la herencia del viejo PCI abrazando entusiastamente una versión social liberal-democristiana que gestionase los residuos del prodismo a la vez que caminase hacia la “americanización” de la política. Es decir, hacia un bipartidismo Pd de Veltroni-Pdl de Berlusconi que asegurase cierta “estabilidad” política para emprender todo un programa de reformas para “modernizar” Italia. Es decir, para aplicar una terapia de choque neoliberal en un escenario político más tranquilo. La vuelta de Berlusconi acelerará sin duda los ritmos previstos. Más allá de la “ética política”, del estilo y del talante.
En segundo lugar, la derrota es también una derrota de la estrategia de la “izquierda de gobierno”. En efecto, el nacimiento del Partido Democrático alumbró en los grupos dirigentes de Rifondazione Comunista, el Partido de los Comunistas Italianos (PdCI) los Verdes (Verdi) y Sinistra Democratica, la idea de crear una coalición La Sinistra-L’Arcobaleno (La Izquierda-Arcoiris) que ocupase el espacio político dejado por el movimiento hacia el centro del Pd. Los resultados electorales están ahí para demostrar la brillantez de la hipótesis (Cámara, 3,08%; Senado, 3,21%) ¡Tan sólo medio punto más que la extrema derecha neofascista (La Destra-Fiamma Tricolore) en la Cámara, que crece de forma preocupante!
Aplicando un razonamiento algo mecanicista, se olvidaban, sin embargo, de lo fundamental: su responsabilidad en la obras (escombros más bien) del gobierno Prodi….que estaban dispuestos a repetir en caso de que Veltroni hubiese superado a Berlusconi. El precedente del gobierno Prodi y la reciente alianza para las municipales en ciudades centrales como Roma -en la que iban en coalición Pd y la Sinistra-L’Arcobaleno- permitía entrever por dónde caminaría esta nuevo sujeto político…que “nace muerto” por los resultados electorales. Es decir, por la misma razón de su propia existencia. Ha hecho bien Fausto Bertinotti, candidato a premier de la nueva formación, en dimitir inmediatamente. Sin duda, no se esperaba descender de la “sala de máquinas” parlamentaria (de la presidencia de la Cámara de los Diputados) a los nuevos tiempos extraparlamentarios. No estaba, ni está, preparado para una sana regeneración sesentayochista de dura lucha extraparlamentaria 40 años después. Hoy como ayer.
En efecto, la izquierda “de gobierno” no estará presente ni en la Cámara ni en el Senado. Ni un escaño. Es un auténtico desastre. Sin duda el país girará a la derecha. No es un problema sólo para unas “agencias de empleo” que deberán buscar la recolocación de una importante burocracia que condiciona cada vez más su orientación “gobernista”, es también un problema real para la reverberación del “conflicto social” en las aulas parlamentarias. Por mucho que algunos intenten “sustituirlo” entrando en gobiernos social-liberales. O intentándolo a toda costa. Vale también para estas latitudes. Los resultados electorales similares (en porcentaje y número de votos) de las formaciones Sinistra-L’Arcobaleno en Italia e Izquierda Unida en el Estado español constituyen algo más que una fortuita coincidencia.
En medio del desastre general para la izquierda hay formaciones mejor preparadas para los tiempos extraparlamentarios que le han tocado vivir a la “izquierda de izquierdas” italiana. Dos sorpresas electorales emergen en la necesaria “larga marcha” de reconstrucción de la “izquierda de izquierdas”, es decir, anticapitalista y de clase. En efecto, la candidatura de Marco Ferrando por el Partido Comunista de los Trabajadores (PCL) ha obtenido un discreto resultado en la Cámara (0,58 % y 207.000 votos) y en el Senado (0,5%, 180.000 votos) absolutamente inesperado. Muy probablemente el hecho de haber sido la única candidatura electoral que llevaba el nombre Comunista en la tarjeta electoral le ha podido agraciar con muchos votos totalmente inesperados.
Pero es sin duda, la candidatura de Flavia D’Angeli y Franco Turigliatto por Sinistra Critica la que durante la campaña electoral y tras unos resultados discretos (Cámara, 0,46%, 166.973 votos; Senado 0,41 % y 136.000 votos) pero significativos, está bien situada de cara a la recomposición necesaria de la izquierda, que seguirá tras las elecciones. Tras la expulsión del senador Franco Turigliatto del PRC por haber sido coherente no votando la guerra de Afganistán (ni la base americana de Vicenza) y la salida colectiva de Rifondazione por el cierre de su ciclo político -cierre confirmado efectivamente por el desastre de las elecciones y de toda una orientación hacia la “izquierda de gobierno”-, Sinistra Critica ha realizado una campaña electoral radical, creativa, dirigida a los lugares y principales protagonistas del conflicto social. Con cierta resonancia internacional, tal y como muestra el manifiesto internacional1 de apoyo a SC aparecido durante la campaña electoral firmado por Noam Chomsky, Ken Loach o Howard Zinn, entre otros muchos. Esta campaña ha ayudado sin duda a su construcción estatal, su “visibilización” mediática y estar bien situados, por su relación “orgánica” con los movimientos sociales y de clase que se desarrollan en Italia, de cara a la necesaria reconstrucción de la izquierda anticapitalista. O sencillamente una izquierda de izquierdas. Por que de eso se trata.
La crisis de la política revela al fin una de sus principales formas, la crisis de orientación estratégica de una cierta izquierda. Transformar la crisis de la política (y de la izquierda de gobierno) en una política para la crisis, es la tarea de esa otra izquierda:
“El pequeño y precioso resultado de Sinistra Critica nos da un estímulo para cimentar esta tarea considerable. Cierto, sin la autorreferencialidad del PCL [Partido Comunista de los Trabajadores de Marco Ferrando] se hubiera podido hacer visible una izquierda alternativa superior al 1% y esto habría consentido tener más fuerza y credibilidad. Permanece a pesar de todo la tarea de la reconstrucción. Sobretodo en cuanto a la oposición social y por lo que respecta a los movimientos. Nos declaramos disponibles desde ahora a reconstruir un movimiento de oposición social a las políticas liberales, a la lucha contra la precariedad y la guerra, contra la devastación ambiental, a las injerencias vaticanas. En el plano político, volvemos a proponer un proyecto de Constituyente Anticapitalista, lejana de nostalgias identitarias y simbólicas. Ningún llamamiento abstracto a la “unidad de los comunistas” puede resolver el estado de devastación al que ha sido conducida la izquierda. Hay necesidad de un trabajo de tiempos largos, más profundo. Estamos dispuest*s a asumirlo” (Flavia D’Angeli, declaraciones postelectorales)
Y ¿por qué no se intenta por aquí? ¿Porqué no?