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El arte de las barricadas

mayo de 2008

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Por Jose Téllez [1]

Cuarenta años después y se habla todavía de ello en debates encendidos como si hubiera pasado ayer. Los hechos que se sucedieron en todo el mundo, pero sobre todo en París, en mayo de 1968, son un referente constante para todos los movimientos de izquierdas del mundo. El legado de 1968 está presente en nuestra memoria colectiva, y gran parte de responsabilidad la tiene la revolución gráfica y artística de los carteles, panfletos y pintadas en los muros que ’decoraron’ París durante todo un mes.

"La belleza está en la calle", rezaba uno de los carteles más famosos, con un dibujo de una chica que tiraba una piedra a la policía. La revuelta del ’68 potenció, sobre todo entre los estudiantes que encendieron la chispa, una preocupación por la manera de comunicar y representar sus consignas. En ningún caso querían convertirse en un movimiento artístico. Una consigna pintada en la Sorbona decía: "El arte ha muerto, liberamos nuestra vida cotidiana". Se quería crear una estética al servicio del pueblo, y no al revés. Por eso rechazaban el arte oficial, especialmente el mercado que rodeaba la creación artística (representado entonces por el artista norteamericano Andy Warhol).

Arte al servicio del pueblo

Estos grafistas estaban también influenciados por los revolucionarios de principio de siglo. El nuevo arte surgido de la revolución rusa y el de la escuela Bauhaus en Alemania, fue la fuente de inspiración para la estética del 68. Estas tendencias artísticas (constructivismo, suprematismo, minimalismo, etc.) defendían un arte liberado de fines prácticos y estéticos, que está al servicio del nuevo mundo y la nueva sociedad que se estaba creando a partir de la revolución de 1917. Fue la primera vez en la historia que no se pretendía crear un estilo artístico, sino convertirse en la expresión de una convicción política. Un arte, en definitiva, no destinado simplemente a la contemplación, sino que respondía a una demanda social.

En el 68 se reanudan estos convencimientos, y los podemos ver sobre todo en la utilización de colores planos, imágenes sencillas, básicas, geométricas. No se utilizaban fotografías ni elementos demasiado detallados; se busca siempre la forma básica que define un motivo (cómo se hizo con la foto del Che de Alberto Korda o la famosa foto de Daniel Cohn-Bendit sonriente a un policía, simplificadas en manchas de color). De los otros elementos gráficos destaca el uso de la tipografía: el valor de la palabra y el mensaje prevalece siempre sobre la imagen. Resulta del todo estimulante la claridad absoluta de esta propaganda de un nivel de lo más elemental.

Arte popular, arte anónimo

Los primeros carteles y panfletos aparecieron la noche del 13 de mayo. En total, en cerca de un mes, se editaron en torno a 500.000 carteles con unos 400 motivos diferentes. Se utilizaban para la edición las técnicas más básicas de la gráfica: la serigrafía, la litografía y el estarcido. Se convirtió rápidamente en un verdadero "arte popular": no tenemos hoy día ningún nombre de ningún artista creador de estos emblemas. Fueron realizados por profesores, estudiantes y trabajadores en los taller ocupados de la Escuela de Bellas Artes parisina. Algunos simplemente iban firmados con un sello con la leyenda: "Atelier populaire des Beaux-Arts" (Taller popular de Belles-Arts).

Algunas de estas creaciones se han convertido en auténticos iconos revolucionarios impasibles al paso de los años. La imagen del policía SS, la chimenea de la fábrica con el puño, el policía que tapa la boca a un estudiante, etc. Estos iconos han estado frecuentemente utilizados en los movimientos sociales por todo el mundo. Sólo hay que ir a la más reciente revuelta estudiantil francesa de marzo de 2007, donde colectivos anticapitalistas de todo tipo reutilizaron estas imágenes para su propaganda contra un nuevo contrato "basura". En nuestro mundo actual, saturadísimo de diseño publicitario, la potencia expresiva y la crudeza visual de estas imágenes son totalmente válidas, y hay que rescatarlas de un uso mercantil y despolitizado, para nuestras reivindicaciones contemporáneas.

Notas

[1] Publicado en la revista de Revolta Global nº44, mayo 2008.


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