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El retorno de la quema de brujas

Martes 16 de marzo de 2010

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  • [Castellano]

 


Por Ana M. Montero y Sandra Campañón [1]

Del fanatismo a la barbarie solo media un paso (D. Diderot)

La víspera del 8 de marzo, algunas organizaciones integristas católicas como Hazte oir habían convodado manifestaciones en diferentes ciudades del Estado español, según ellas, para defender la vida y la familia y en contra de la recién aprovada ley que regula la interrupción voluntaria del embarazo. En Barcelona, la concentración en Plaza Sant Jaume no fue autorizada, por lo que se trasladó a un entorno más “natural”, la Plaza Bonanova.

Ante lo que era claramente un ataque al movimiento feminista, diferentes colectivos decidieron convocar a una acción de protesta en la misma plaza. Una vez allí, nos encontramos que, entre otras cosas, nos gritaban feas y mal hechas. Rojas y asesinas era de esperar, pero ¿feas y mal hechas? Desde una perspectiva fanático-católica, la maldad es fealdad, deformidad. En el imaginario colectivo existe la bruja jorobada, narigona y con verrugas. Y nosotras, la mañana del domingo, éramos eso, seres malignos que se atrevían a desnudarse a la puerta de una iglesia.

El ”salid de la puerta de la iglesia, putas” también vino acompañado de “ratas”, “chusma, no son más que chusma”, “lesbianas” y hasta un “yo las colgaba a todas de un árbol boca abajo”. Por lo visto, un torso desnudo se consideraba más inadecuado para los niños y niñas presentes en la plaza que todo ese odio expresado tanto en las palabras como en las actitudes. Un odio que era de un nivel tan alto,que muchas de nosotras teníamos el convencimiento de que, si hubieran podido, nos hubieran apedreado públicamente. Y muchas también sospechamos que hasta los propios Mossos lo tenían claro, ya que es cierto que nos sacaron de las escaleras de la iglesia, tal y como se ha visto en las imágenes televisadas, es decir, bruscamente y en su estilo, pero ojo, muchos golpes los recibieron los otros y no nosotras, sobre todo a raíz de un petardo que nos lanzaron directamente los “buenos cristianos”.

Decía Jung que el fanatismo es una sobre compensación de la duda. Sin entrar en disquisiciones psicológicas, parece que quedó bastante claro esa mañana que los que dicen defender la vida no dudan que algunas no merecemos ni existir y su repulsión es tal como para llamarnos eso, feas y grotescas, o sea, demoníacas. Esa claridad se veía acrecentada por la supuesta seguridad que les daba estar en “sus” barrios.

Irracionalidad y violencia caracterizan las acciones de estos colectivos en contra del derecho al aborto y raramente se oye ningún argumento de tipo político, pero nos preguntamos qué hacían allí tantas banderas españolas y tantas proclamas contra el gobierno así como la presencia del ex presidente del PP de Catalunya, Alberto Fernández Díaz.

Tanto la manifestación de los que se dicen pro vida en Madrid como la de Barcelona evidencia que lo que realmente defienden no es la vida sino su modo de vida; que es falso que ciertas cosas se hayan superado con la Transición y que la derecha más dura de este país sigue transitando impunemente por las calles, aunque sólo la veamos en su pleno apogeo en actividades como las del pasado domingo.

Ver vídeo aquí>>

Notas

[1] Ana M. Montero y Sandra Campañón son militantes de Revolta Global–Esquerra Anticapitalista.


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