Martes 10 de agosto de 2010
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Por Manolo Martínez
En estos últimos días, he vivido la experiencia más traumática de mi vida profesional, asistir como presidente del comité de empresa del Liceu al despido de 21 compañeros (en septiembre tendré que asistir a 4 más y es posible que en unos meses la situación se vuelva a repetir). Todo esto viene precedido de unos acontecimientos que paso a evaluar. Como todos sabemos, en este país el despido es libre aunque no gratuito. Sin embargo con las reformas de los últimos años y amparándose en la nueva reforma laboral que seguramente se pondrá en práctica en breve, un despido por causas objetivas resulta muy barato; 20 días por año trabajado (de los cuales fogasa paga 8) con un máximo de doce meses.
Aprovechando tales circunstancias, los directivos del Teatre Liceu, han decidido hacer lo que ellos llaman públicamente saneamiento de las cuentas para poder seguir con la programación del teatro pero que, con la boca pequeña llaman limpieza de puestos de trabajo caros de mantener y difíciles de justificar.
Sin entrar en los detalles de lo que seguramente fue la especulación inmobiliaria, para reconstruir el teatro después del incendio del año 1994 (además en un tiempo realmente breve), el director general de la época, destacado miembro de la oligarquía catalana y por tanto con muchos contactos entre la derecha que controla el país, pidió favores que luego, evidentemente había que pagar. Pero no solo económicamente con los intereses pertinentes sino también con favores personales. Así se fueron creando cargos y puestos de trabajo de dudosa necesidad para familiares y amigos de dudosa capacidad laboral. Mientras tanto el comité de empresa de entonces, después de conseguir mantener la plantilla con una regulación de empleo, miró hacia otro lado y permitió estos y otros privilegios de los que algunos se beneficiaron.
Fueron momentos de bonanza y se firmaron condiciones laborales interesantes para ambas partes a cambio de silencios. El tiempo fue pasando y el mercado laboral fue mutando. Pasó una directora general colocada por el nuevo partido gobernante que se dedicó a acerar las deudas contraídas a cambio de gasto cero y, como no, a imponer parte de su equipo. Gasto cero en mantenimiento y modernización de las instalaciones pero no en prebendas y gratificaciones por objetivos cumplidos.
Esta directora uso el Liceu de trampolín para alcanzar cotas más altas económicas y de poder por lo que abandonó al cabo de pocos años. En su lugar pusieron a otro amigo del partido con instrucciones concretas, llevar a cabo las políticas neoliberales imperantes.
Así es como están planteando por un lado flexibilizar un convenio colectivo que no les es cómodo y soltar algo del lastre dejado por sus antecesores, no sin antes usar su capacidad digital para colocar a más miembros de su entorno.
Aquí sería justo hacer algo de autocrítica por parte de los trabajadores que, acostumbrados a algunos privilegios, ahora son incapaces de soltar la presa y volver a pisar el suelo.
Desde la cgt, sindicato al que pertenezco, tenemos serias contradicciones al respecto ya que, por un lado, tenemos la obligación ética de defender a nuestros compañeros pero por otro lado, no estamos dispuestos a defender los privilegios de nadie. Es por eso que se nos ha acusado desde otros sindicatos de apáticos con respecto a las movilizaciones que se han desarrollado estas últimas semanas. No es cierto, hemos realizado y organizado reuniones, cartas, denuncias, panfletos y otras medidas además de apoyar una huelga con la que no estábamos de acuerdo por motivos estratégicos y de falta de oportunidad, de hecho se desconvocó el día antes con la consecuente dificultad para avisar a todos los compañeros que estaban dispuestos a secundarla. Trabajamos en diferentes turnos y descansamos en diferentes días con lo que la logística para avisar a todos es complicada. Es evidente que en la lista que realizaron faltaban algunos nombres (los de las personas con cargos directivos que se han ido enchufando) y sobraba alguno que cometió el delito de mostrar los dientes cuando consideró sus derechos vulnerados, a estos últimos les daremos todo el apoyo del que seamos capaces. Pero también es cierto que ciertos puestos eran difíciles de justificar y por lo tanto de defender.
En todos estos hechos, no puedo por menos que hacer unas observaciones lastimosas. El caso es que gracias a la peculiaridad de nuestra empresa, baluarte de la burguesía catalana durante muchos años, hemos tenido la oportunidad de llegar al Parlament y reunirnos con algunos parlamentarios de las diferentes fuerzas políticas. Aquí hay dos observaciones que hacer: el enorme agravio con respecto a miles de trabajadores que no tienen la oportunidad que hemos tenido nosotros y la enorme hipocresía de los políticos, la empresa ha tenido conocimiento en todo momento de nuestros pasos, reuniones y peticiones a través de cartas o llamadas telefónicas, lo que demuestra que la clase política ha estado en todo momento al lado de sus galopines animándoles incluso a no ceder, no fuera el caso que cundiera el ejemplo. Algunos medios de comunicación tampoco han sido extraños en el asunto no informando en unos casos o desinformando en otros. Como ya he dicho, esto no ha hecho más que comenzar por lo que debemos trazar estrategias para defendernos e incluso avanzar si fuera posible. Aquí nos encontramos de nuevo con los defensores a ultranza de los privilegios que ya han decidido propuestas que volvemos a encontrar precipitadas y carentes de ideas.
Tenemos un mes para darle vueltas al asunto y trazar sendas que, si es necesario, tendremos que recorrer por separado. No estamos dispuestos a dejarnos pisar pero tampoco a suicidarnos.
Seguiremos en la lucha.