Viernes 13 de agosto de 2010
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Por Mariam Seri Sidibe [1]
Con razón, el mundo entero se ha conmovido por el criminal ataque de las fuerzas israelíes contra la flotilla de la paz que se dirigía a Gaza cuando se encontraba en aguas internacionales. Las reacciones unánimes condenando este acto de terrorismo no se han hecho esperar en África, continente que Israel codicia hace varios decenios. Los movimientos sindicales, siguiendo el ejemplo de la Cosatu sudafricana, o ciudadanos como el Movimiento de mujeres de Senegal, exigen de sus dirigentes romper todas las relaciones con el estado sionista. En Mauritania, el movimiento estudiantil ha tomado la cabeza de la protesta. Mientras Israel ocupe Palestina y viole impunemente el derecho internacional, debe ser excluido de las Naciones Unidas. Es lo que Aminata Traoré, antigua Ministra de Cultura de Malí, y miembro del Tribunal Russel, subraya cuando el TPI persigue a jefes de guerra africanos por crímenes.
Pero el asalto a la flotilla ha revelado también lo que ya está en marcha desde hace varios decenios. Israel desarrolla desde hace mucho contactos y colaboraciones con los regímenes africanos, con la complicidad de los Estados Unidos, de Francia y de Inglaterra entre otros.
Interés económico.
Oficialmente, Israel sólo mantiene relaciones diplomáticas con 12 estados africanos. En realidad una cuarentena de los que los más importantes son Egipto, Etiopía, África del Sur particularmente durante el apartheid, así como Mauritania. Pero África interesa a Israel sobre todo en el plano económico. Así, si la industria aurífera está aún controlada por Europa, Israel pretende hacerse dentro de ella una parte importante así como en la explotación de la colombita-tantalita, componente principal en tarjetas inteligentes, informática y telefonía móvil. El comercio de diamantes y de armas constituyen también los principales terrenos de inversión económica israelí en Africa. Grandes sociedades como Solel Bonet, Koad Industries, Meïr Brother, Agridgo, invierten en el mercado africano vía préstamos de la Jahet Bank.
La realpolitik económica permite así a Israel mantener lazos contables y notables, permaneciendo África del Sur muy evidentemente como el primer socio comercial, seguido por Kenya, Nigeria, Centrafrica y Guinea para la explotación minera. Pero es sobre todo desde la aparición de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, cuando Israel extiende su campo de acción. Así, desde 2009 es Alvarion Leadr quien asegura el conjunto de la red NTIC en Burkina Faso. Esto es tanto más inquietante porque el conjunto de las redes informáticas de informaciones militares está en manos de esa sociedad. Así, en el Congo y en Costa de Marfil el centro de vigilancia electrónica que controla y pilota los aviones no tripulados (drones) de reconocimiento y de seguridad está gestionado por militares israelíes.
En los años 1960, Golda Meir, entonces ministra de asuntos exteriores, presiente que la viabilidad económica del país no podría prescindir del maná financiero que representan los estados africanos recientemente independientes. Pretextando que los pueblos africanos e israelíes son ambos víctimas de crímenes contra la humanidad, que tienen en común haberse liberado del yugo colonial, y el poner en valor una “tierra ingrata”, va a emprender duras negociaciones con todos los nuevos gobiernos, más dispuestos a dirigirse hacia la URSS y los países no alineados como China. Así, África no caerá en manos de los comunistas sino que permanecerá dentro de la órbita capitalista.
Al mismo tiempo, Israel mantiene relaciones diplomáticas con el Partido Nacional Afrikaner, el promotor del Apartheid, y aportará igualmente su contribución en el terreno de lo nuclear al régimen de Pretoria. En 1967, como consecuencia particularmente de la guerra de los 6 días, y sobre todo en 1973 (guerra del Kippur e invasión del Canal de Suez) la mayor parte de los estados africanos rompen toda relación con el estado sionista con la excepción notable de Lesotho, Malawi y Swaziland. Este aislamiento alcanzará su apogeo en 1975, cuando la ONU vota la resolución 3379 asimilando sionismo y racismo.
Antigua y nueva geopolítica.
En el paroxismo de la guerra fría, la penetración israelí en Africa gozará igualmente del apoyo financiero de la CIA de la que los expertos israelíes asegurarán por delegación las tareas de formación, encuadramiento y protección militar. Esta infiltración permitirá entre otras cosas, la formación de los primeros pilotos de los ejércitos ugandés, kenyata, congoleño y tanzano. Fue así como Mobutu y Idi Amin Dada, pudieron apoderarse del poder. En el mismo momento, una alianza tácita israelo-estadounidense financiaba los movimientos contrarrevolucionarios africanos como la Unita angoleña contra el MPLA y la Inkhata sudafricana contra el ANC y la SWAPO. En Africa del Sur y en Mauritania, el Mossad intervendrá directamente en la eliminación de opositores/as a los regímenes de apartheid y etno-fascista.
Además, si hoy el comunismo ya no es de temer, Occidente se ha inventado un nuevo enemigo: ¡el islamismo!. El Mossad, siempre en apoyo de la CIA, de los servicios secretos franceses y del ejército estadounidense, se propone combatir el desarrollo en el suelo africano tanto de la teocracia iraní de Mahmoud Ahmadinejad que ha recibido recientemente una acogida calurosa en Kenya, en Djibuti y en las Comores como de los subgrupos de la nebulosa Al-Qaeda en el cuerno de África, pasando por el GIA argelino o los “talibanes” nigerianos. Así, el norte de Malí y de Mauritania están hoy virtualmente bajo control de ejército estadounidense.
La población judía de Etiopía.
En 1984-1985, en el momento más duro de la hambruna que golpeaba al cuerno de África, el ejército israelí, la CIA, la embajada estadounidense en Jartum, mercenarios y el estado sudanés organizaron el transporte aéreo de miles de refugiados y refugiadas etíopes de confesión judía (los “Falashas” o “beta Israel”) para ir a campos de fortuna en Sudán. 4.000 adultos murieron amontonados en condiciones inhumanas. Los niños fueron evacuados hacia Israel sin familias y a menudo adoptados. En 1991, 14.000 personas serán finalmente llevadas en 36 horas hacia Israel. Serán allí instaladas en caravanas y sufrirán un profundo choque cultural así como un racismo popular e institucional que provocarán suicidios en esta comunidad.
La gira emprendida en septiembre de 2009 por Avigdor Lieberman apuntaba claramente a reconquistar el apoyo de los y las representantes africanos en el seno de la ONU y a influir contra el programa nuclear iraní y la presencia-competencia cada vez más importante de China en los terrenos del petróleo, la construcción, la agricultura y, pronto, las tecnologías punta, coto privado del estado hebreo. Es también la ocasión para los dirigentes israelíes de formar un escudo de seguridad alrededor de Libia, Sudán y de Argelia reputados como hostiles a la existencia de su estado.
Las actuaciones de Israel hacia el pueblo palestino no son solo un asunto medio oriental. Además de la expresión del apoyo indefectible a la lucha de los palestinos contra el colonialismo y el racismo, hay que denunciar las implicaciones israelíes en la explotación capitalista del continente africano. Y esto significa juzgar también la política realizada en nuestro nombre por nuestros y nuestras dirigentes.
[1] Traducido de http://www.npa2009.org por Alberto Nadal para VIENTO SUR