dimecres 29 de juny de 2011
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Por Pepe Gutiérrez-Álvarez
A primera vista, la historia del POUM comienza en septiembre de 1935, y concluye con la guerra civil. Cuando llegaron las tropas franquistas a Madrid y Barcelona, ya hacía tiempo que sus militantes seguían luchando en la clandestinidad. Su líder más representativo e influyente, Joaquín Maurín [1], se lo había tragado el remolino de muerte que asoló Galicia en julio del 36, y su teórico e intelectual más reconocido fue aniquilado un año más tarde por “especialistas” mandados por Stalin. El resto de su equipo dirigente fue juzgado en Barcelona por “espías”, y las autoridades republicanas los encarcelaron porque al parecer, esta era la mejor manera de garantizar sus vidas…
Era un tiempo en el que la prensa “comunista” oficial aseguraba que Trotsky se entrevistaba directamente con Hitler, y que Nin se veía con Franco, recibía órdenes de Trotsky a través de León Sedov, hijo de éste y muerto en circunstancias más que sospechosas. Por medio, existía un infiltrado que hizo todo lo posible por enturbiar las relaciones políticas entre el POUM y Trotsky [2]….El POUM sobrevivió a duras penas la noche oscura de la “guerra fría” , la misma que había sustituido el periodo digamos “clásico” del movimiento obrero, y que situó el dilema comunismo-anticomunismo en pleno dominante. Bajo este plomo, las corrientes opuestas a estalinistas y socialdemócratas no pudieron levantar la cabeza hasta 1968, al menos no en el Occidente capitalista.
Se puede decir que el POUM fue el mayor partido de la izquierda marxista y antiestalinista de antes de la II Guerra Mundial. Proveniente sobre todo del BOC, o sea de la “tercera tendencia” de la CNT, la sindicalista revolucionaria crítica tanto con la faísta como de la “trentista” (con la que empero llegó trabajar en la experiencia de la Alianza Obrera), llegó a contar con una base de implantación real (por ejemplo era determinante en la CNT de Girona, Lleída, Tarragona y Castellón), y en julio del 36 se encontraba en plena expansión, llegando a tener más de 50.000 afiliados.
Ya antes había mostrado su capacidad movilizadora y unificadora previamente como “espina dorsal” de la Alianza Obrera, llevaba una ofensiva crítica contra las políticas exclusivas “para ellos” (sin una visión de conjunto) del PSOE, la CNT y el PCE. En 1936 siguió defendiendo un programa de mayoría obrera socialista en defensa de la República y de las conquistas de los trabajadores que habían detenido el golpe militar;
Contaba con una acumulación de cuadros muy importante, con una importante capacidad reconocida, desarrollada en cuestiones tan determinantes como el sindicalismo, el fascismo, la cuestión nacional, y sobre todo, sobre la burocracia soviética, fenómeno que permanecía extraño para la izquierda tradicional. El POUM fue el partido más formado de una izquierda como la española que era muy potente por abajo pero muy pobre intelectualmente por arriba;
La existencia de una amplia democracia interna que permitía el libre juego de corrientes comunistas muy diversas: la mayoritaria, la maurinista, la trotskista (Nin y Andrade), nacionalista (Arquer, Rovira), bujarinista (Portela, Gorkin), rabassaires, y es que en buena medida, el POUM fue el partido comunista que podía haber existido de no haberse dado la brutal distorsión que significó el estalinismo. Contó con el apoyo internacional de todos los grupos y fracciones al margen de la II y III Internacional, de los trotskistas, de los surrealistas, y de numerosos escritores como con George Orwell. Su conexión con el trotskismo, lo que le ha otorgado un interés polémico añadido y centrado en la firma del pacto del Frente Popular (a todas luces inevitable), y en la presencia de Andreu Nin en el Govern de la Generalitat, punto muy debatido en el propio POUM, temeroso de quedarse totalmente aislado en un momento en el la presión estalinista se fue haciendo más agobiante.
Esta exposición, que viene a resultar la culminación de una actividad vindicadora que el POUM tuvo que hacer desde el primer momento –no en vano, en sus filas coincidió la mayor parte de los fundadores del PCE, dándose el caso de José Bullejos, que pidió su afiliación y no le dejaron por las viejas historia del periodo estaliniano de éste-, y se convirtió en una tarea cent5ral desde de los acontecimientos del mayo del 37, cuando comenzaron a ser tratados de “agentes” de la llamada “Quinta Columna”. De alguna manera, este “revival” general que se ha expresado sobre todo en una efervescencia editorial francamente impresionante, retoma una vieja batalla iniciada en plena guerra civil, prolongada en el exilio, y que llegó a tener su importancia en el tardo franquismo. Desde la segunda mitad de los años sesenta hasta el “tejerazo”, se publicó todo lo publicable, se habló del POUM, de Nin y de Orwell, incluso en los Congresos del PCE (la LCR lo incluía en sus salutaciones cuando era invitada), obligando a los líderes tanto del PCE-PSUC a responder a la defensiva, iniciándose así una línea de rectificaciones significadas, pero a nuestra juicio insuficientes
(La Fundació Andreu Nin i el Museu d’Història de Catalunya us conviden a la inauguració de l’exposició. POUM. 75 anys de història. L’acte tindrà lloc dimarts 28 de juny a les set del vespre, al Museu d’Història de Catalunya)
[1] Se ha editado en Aragón una selección de escritos del mejor Maurín, el que se erige como el principal animador y teórico de la Alianza Obrera entre 1934 y 1936. Se trata de ¿Socialismo o fascismo? Joaquín Maurín y la revolución española, con introducción y selección de Andy Durgan.
[2] El asunto del “trotskismo” del POUM sigue siendo uno de los más polémicos, y como deja evidencia el libro de Isabella Lorusso, Voces del POUM editado por MeuBook y la Fundación Andreu Nin, la “vieja guardia” del POUM repudió el concepto con vehemencia. Todo depende, sí se habla en sentido estricto, pues no, pero sí se entiende este concepto como la tradición comunista sintetizada en los cuatro primeros congresos de la IC, y en el sentido de aceptar la idea de la revolución permanente (el movimiento obrero hace la revolución burguesa de paso que hacer su revolución), y de crítica a la burocracia en nombre de la “democracia obrera”, pues las afinidades existía.