François Vercammen
dilluns 8 de novembre de 2004
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Delegados, observadores e invitados, representando las organizaciones de 40 países han debatido y adoptado resoluciones sobre la situación política mundial (que engloba también un balance del estalinismo y de las resistencias a la mundialización capitalista), sobre el papel y las tareas de la IV Internacional, un nuevo Preámbulo a los Estatutos así como una reforma de los Estatutos, y dos documentos programáticos: « La liberación gay-lesbiana » y « La ecología y el socialismo ». El Congreso ha elegido una nueva dirección, el Comité Internacional, que se reunirá al menos una vez al año y que escoge en su seno un Buró ejecutivo. Los dos han sido sustancialmente renovados y rejuvenecidos.
Si se quiere resumir este Congreso, se le podría cualificar así: en el corazón del combate anticapitalista, una política de relanzamiento, de apertura, de reagrupamiento y de reposicionamiento.
Per François Vercammen [1]
El ambiente era caluroso, el comportamiento estudioso, los debates apasionados, las actitudes responsables: cerca de 8 años después del precedente Congreso (julio 1995), había el reencuentro de los « veteranos » conscientes de haber « aguantado bien » frente a las derrotas y a la barbarie en ascenso; al mismo tiempo una nueva generación, ya curtida en el ascenso de las mobilizaciones Internacionales y presta a coger el relevo, estaba activamente presente. Las nuevas perspectivas que se han afirmado, han resituado y relativizado los viejos debates, las tendencias y las fracciones al punto que los documentos políticos sometidos a la discusión y al voto, completamente proyectados hacia el futuro, han sido adoptados por una muy amplia mayoría..
Los militantes y las organizaciones nacionaels de la IV Internacional se encuentran hoy en el corazón del combate anticapitalista. Esto no es un hecho reciente: con otros (aunque poco numerosos) estaban, desde el giro de 1989-91, en la iniciativa de diversas campañas Internacionales que – en ese momento se desconocía - iban a desembocar en las movilizaciones de Seattel y Génova, en los Forum sociales de Porto Alegre y Florencia así como en el levantamiento mundial de los pueblos contra la guerra imperialista.
Es esto lo que « ha salvado » nuestra coriente de la marginalización y del sectarismo: unirse con quien se « mueve » en el plano de las luchas ejemplares de emancipación, construir el movimiento de masas (contra vientos y mareas), batirse por la unidad, implicarse en los debates ideológicos más avanzados, está entre nuestras tradiciones.
Esto, más una apertura interior en el seno de nuestras organizaciones y de la Internacional donde los debates, todos los debates, han sido posibles, comprendidos los más heterodoxos. Porque cuando no se impone ningun mar de fondo, cuando el viejo mundo se desploma y una nueva perspectiva emancipadora tarda en movilizar las masas populares, no hay más evidencias, solo los dogmas que sobreviven (recordemos algunas de estas cuestiones nuevas: el zapatismo, la terrible « cuestion nactional » en Yugoslavia, el papel de las « instituciones Internacionaels » hacia los genocidios y masacres, el debilitamiento estructural de la clase asalariada y de sus organizaciones, « el fin de la Historia » yc.). La elección para una organización que se llama marxista-revolucionaria, deviene muy simple: o bien abrirse hacia el exterior y dar rienda libre a la dialéctica interna (con su inevitable lote de heterodoxia, de duda y de fragmentación), o bien aplastar el debate por la « dogmatización » de los análisis y de la teoría, imponer la « buena línea » política, reforzar la disciplina activista, cristalizar una « dirección infalible ». Ninguna organización revolucionaria ha salido indemne de este periodo neo-libéral contrarevolucionario. Todas han debido encajar la derrota. Cada una de entre ellas ha debido adaptarse. Ninguna ha escapado forzosamente- a crisis internas. Nosotros tenemos la convicción de haber hecho la buena elección. Henos aqui delante de las realidades y problemas.
La principal dificultad, es tomar la medida de «lo que pasa verdaderamente en el mundo hoy día». El XV Congreso señala « El fin de los años 1990 constituye un giro en la situación política mundial. Una nueva fase se abre que pone al orden del día una renovación radical de la actividad, del programa, de la estrategia y de la organización del movimiento obrero y social ». (1). Antes de poner esta tarea en el corazón de nuestra actividad, nuestra Internacional había escrutado cuidadosamente el nacimiento balbuciente de lo que iba a convertirse en el movimiento contra la mundialización capitalista, llamado también el « movimiento altermondialiste », o « no global » o todavía más « el movimiento de los movimientos ». Así, el texto « Resistencias », escrito antes de Seattel, había preparado nuestros militantes, nuestras organizaciones nacionales y la Internacional para tomar nota del gran cambio del « factor subjetivo ». Desde el inicio, había una casi-unanimidad en nuestras filas para decir: es necesario estar, ayudarlo a construir, respetando - sin sectarismo o arrogancia - su desarrollo. De Seattel (diciembre 1999) a la fecha histórica del 15 febrero 2003 (el levantamiento mundial de los pueblos contra la guerra), pasando por Porto Alegre, Génova y Florencia, una dinámica de refundación global de un movimiento social international es en curso, en el cual múltiples potencialidades están por desprenderse, precisarse y organizarse.
Esta nueva y potente dinámica es sacudida por tres importantes contradicciones:
la brutal ofensiva militar, económica y anti-democrática de los imperialismos y de los grandes patrones ha tomado la medida del obstáculo que constituye desde ahora este nuevo movimiento social que, se ha consolidado, y ha sido capaz en tres años de crear un « frente único mundial » contra la guerra, poniendo todos los gobiernos del capital bajo presión;
hay un desfase persistente e inquietante entre el ascenso de este movimiento y la prolongada debilidad del movimiento de los asalariados, que recupera muy lentamente su capacidad de lucha y organización, debido a una relación de fuerzas desfavorable tras las derrotas del periodo 1985-95;
cuando hay una crisis histórica sin precedente de las fuerzas políticas que han dominado el movimiento obrero y popular (social-democracia, post-stalinismo, social-populismo) a lo largo de todo el siglo XX, la alternativa anticapitalista politicamente organizada se encuentra muy débil.
A menos que ocurra un acontecimiento cataclismico, lo que no puede excluirse (una guerra en cadena fuera de control, un hundimiento de la economía mundial), nuestra « tarea estratégica para toda una etapa es derrotar la social-democracia y el populismo neo-liberal, todavía mayoritarios en el movimiento obrero y popular, con el objetivo de reconstruirlo sobre una base anticapitalista e internacionalista, ecologista y feminista (…) alrededor de la doble cuestión: la lucha contra la guerra y la politica neo-liberal » (2).
La crisis presente del movimiento obrero ne puede ser resuelta por el simple renforzamiento de las organizaciones marxistas-revolucionarias porque, la fase que empieza está caracterizada no sólo por la debilidad de la izquierda revolucionaria -muy minoritaria-, sino también por el retroceso dramático, a escala de masas, de la conciencia socialista, del espíritu reivindicativo antipatronal, del compromiso militante, de las organizaciones sindicales. Por otra parte, el cambio en el factor subjetivo lleva la marca de la enorme radicalización de la juventud. Esta se encuentra en vías de constituirse en « generación política » a través de su propia experiencia social a todos los niveles, especialmente por las más grandes movilizaciones que la Historia haya conocido.
Este conjunto heteróclito que anuncia una renovación profunda y global del movimiento social, exige una proposición adecuada. Ésta no puede más que residir en un reagrupamiento de todas las fuerzas de la contestación, de todas las corrientes políticas radicales, que de lugar a una formación politica nueva (partido, movimiento, coalición, alianza,…), a la vez anticapitalista y pluralista, fuerza de combate y lugar de discusión, formación electoral y extra-parlamentaria, interlocutora del movimiento social y factor de clarificación hacia todas las otras corrientes políticas reformistas y social-liberales. Dentro de una tal formación, los marxistas-revolucionarios no hacen « entrismo » con un objetivo secreto o confesó de pasar lo más rápido posible a un « partido revolucionario» de vanguardia que se dotaría de un programa revolucionario. Al contrario, ellos son co-iniciadores, co-organizadores, co-dirigentes de este partido amplio para compartir las experiencias de los combates actuales y futuros, para progresar conjuntamente hacia un partido de masas anticapitalista, capaz de luchar por el socialismo.
La IV Internacional formula unas proposiciones que responden a tres niveles de actividad y de organización, y que se refieren tanto sobre el plano nacional como al internacional:
1. El movimiento contra la globalización, de ámbito internacional, es portador de una consciencia, de métodos de lucha, de proposiciones programáticas y de estructuras Internacionales. Apunta, por su misma existencia, en dirección de una nueva Internacional. Provoca un entusiasmo merecido en unos jóvenes en los cuales la consiencia política está de entrada ligada al internactionalismo. El evoca recuerdos históricos, interpela aquellos y aquellas que han estado o están todavía organizados en una estructura de este tipo.
« La construcción de las Internacionales que han existido en la Historia, ha respondido, cada vez, a nuevas tareas ligadas a unas evoluciones socio-políticas de gran amplitud. La nueva fase política de reorganización pone de entrada el problema de una nueva Internacional anticapitalista/anti-impérialista, revolucionaria de masas » (3), se lee en la resolución sobre el papel y las tareass de la IV Internacional. Y se anota : « No es imaginable un avance hacia la una nueva Internacional sin una aportación importante de este nuevo movimiento » (4). Pero, hará falta que aparezca « un proceso de clarificación y de diferenciación (…) bajo el impacto de grandes acontecimientos políticos en el mundo » (5).
Esta nueva Internacional, o al menos un primer paso en la vía de su construcción, saldrá de los limbos de los movimientos y movilizaciones actuales. Ella no se parecerá a ninguna de las precedentes, y tampoco a las Internacionales marxistas-revolucionarias de tipo partidario. Ella será la respuesta « espontánea » masiva al reino despótico global sin precedente en la historia del capitalismo, y su punto de anclaje será su internacionalismo y anticapitalismo intuitivo; pero también su gran heterogeneidad de todo punto de vista. Su coherencia se encuentra prioritariamente en su propia puesta en movimiento, ella será ciertamente distinta de las cinco precedentes: la Liga Comunista Internacionalista de 1848, la Primera Internacional (1864-1876), la Segunda Internacional (1889-1914-…), la Internacional comunista (la « Tercera », 1919-1943), la IV Internacional (fundada en 1938).
Nuestro objetivo no es hacer a corto plazo un sobreesfuerzo político-organizativo para decantar el movimiento “antiglobalización capitalista” según unas líneas de fractura ya perceptibles afin de configurarlo como organización política. Al contrario, debemos construirlo, reforzarlo como movimiento de combate “sui generis”, y realizar todas sus potencialidades sobre los diferentes planos: como movimiento socio-politico, como espacio de discusión y de elaboración, como portador de varias campañas autónomas (tasa Tobin, anulación de la deuda del Tercer mundo, defensa de los servicios públicos, contra el esclavismo moderno…), como lugar de encuentro de los movimiento sociales constituidos (sindicatos, parados, ecologistas…), como frente único mundial (las movilizaciones anti-guerra). Donde no se renuncia a la discusión, al debate y si esto sucede, al combate político.
Porque se pueden constatar desacuerdos tácticos y estratégicos en el seno del movimiento. Este no ha nacido de la autoactividad de la clase asalariada, no se vincula espontaneamente a esta. Del mismo modo, no desemboca, por el momento, espontaneamente en una formación política, al contrario hay una desconfianza « anti-política » ampliamente extendida e incluso cultivada.
Es a este doble desafío y contradicción que el movimiento está confrontado en su voluntad de ganar. Como imponer las reivindicaciones más importantes del « movimiento de movimientos »; y, más allá, como detener la globalización capitalista, e imponer un cambio económico y social radical.
Es necesario para esto una fuerza en la sociedad, que no es otra que la masa de los explotados y opprimidos a escala mundial, en la cual el núcleo decisivo se situa en el seno del imperialismo americano y europeo. Es necesario una o varias formaciones políticas de carácter de masas que estén en el movimiento social y que propongan una estrategia.
´Todo combate hasta el final. por una gran reivindicación social, económica o democrática, desemboca necesariamente, para su realización, en el nivel político-institucional, es decir, en el estado. No es más que el abre-latas de lo político en el sentido fuerte del término, que implica tomar posición y comprometerse en las cuestiones electorales, la política gubernamental, la relación con los partidos existentes y la estrategia que conduce a “otro mundo possible”.
La política es, de hecho, omnipresente, pero escondida! Esto no es sano. Porque unos partidos existen, con su historia, su cultura política, su programa, su táctica, su inserción en la sociedad, los movimientos, las instituciones…
Es evidente que una clarificación política a escala de masas está en curso, alrededor de tres ejes, de los cuales dos afectan a las condiciones de vida y trabajo de millones de hombres y de mujeres: la política de guerra (el imperialismo armado) y la política neoliberal (la guerra anti-social), y un tercero, en el seno del mismo movimiento, que afecta a la relación de los partidos políticos con el « nuevo movimiento social », y más generalmente, el movimiento de masas de emancipación. Esto implica una clarificación sobre dos frentes, pero tiene dos niveles diferentes: un combate político para contestar la hegemonía de la izquierda social-liberal; un debate político fraternal en el seno de la izquierda radical, revolucionario contra el sectarismo y «el vanguardismo ».
2. Desde hace casi diez años, la IV Internacional actúa, con otras corrientes de la izquierda radical no sectaria, por un reagrupamiento anticapitalista amplio y pluralista con la finalidad de batir la hegemonía de la izquierda social-liberal. En lógica con el movimiento del capital, el nuevo movimiento político anticapitalista encontrará más rapidamente una cohesión sobre un plano regional/continental. En América latina, el Foro de Sao Paolo, hoy en retirada, fue un ejemplo. Recientemente, reuniones han tenido lugar para relanzar un proceso de convergencia entre corrientes anticapitalistas/anti-imperialistas de varios países. En Europa, la Izquierda Anti-Capitalista Europea se reunió en Conferencia, desde marzo 2000, dos veces por año (durante las contracumbres de la Unión Europea). Ella reagrupa partidos y movimientos representativos, tales como la Allianza Rojo-Verde (Dinamarca), el Bloque de izquierda (Portugal), la LCR (Francia), el SSP (Escocia), la Alianza Socialista (Inglaterra), el SWP britániqco, y. recientementet, el Partido de Refundación Comunista (Italia) se ha incorporado a la misma (la Conferencia de la izquierda anti-capitalista), formando igualmente parte del GUE (Gauche Unie Européenne, de los partidos comunistas). En Asia, a iniciativa del DSP (Democractic Socialist Party, Australie), una Conferencia de solidaridad Asia-Pacífico reunen, cada dos años, un arco muy amplio de partidos radicales, anti-imperialistas y movimientos sociales.
Estos son unos desarrollos prometedores pero todavía y de todas formas muy diferentes para pasar directamente a nivel mundial algo que podría forzar las dinámicas en marcha en el plano regional. Esto no excluye explorar las vías de encuentros de ámbito mundial en relación con el desarrollo del movimiento social.
3. Teniendo en cuenta nuestros puntos de vista sobre el movimiento “altermondialiste” y de la prioridaf dada a los reagrupamientos anticapitalistas, nuestro Congreso ha abierto la vía a debates, iniciativas, encuentros con las corrientes de la izquierda revolucionaria para probar las convergencias, sin que esto desemboque en una nueva estructura a corto plazo.
Concebimos estos tres niveles de intervención (la clarificación política unida al « movimiento de movimientos », los reagrupamientos anticapitalistas pluralistas, el diálogo con la izquierda revolucionaria Internacional) como plataformas distintas pero pudiendo concurrir y contribuir a una nueva Internacional anticapitaliste de masas.
Entre el XIV y el XV Congreso, siete años y siete meses han transcurrido y une ruptura de dimensión histórica a tenido lugar a todos los niveles de la sociedad. Nuestra organización ha confrontado con dificultades pero con éxito el « descenso a los enfiernos » de los años 1985-95 y el renacimiento del movimiento de emancipación a partir de 1999 y su ascenso esspectacular reciente. Un tal proceso accidentado ha estimulado la reflexión y la decisión. Así, nuestro Congreso ha procedido a la vez a un relanzamiento y a un reposicionamiento político-organizacional de la IV Internacional.
Tras el largo proceso de debilitamiento, es necesario en primer lugar, reforzar nuestra organización: la IV Internacional tal que ella es hoy. Sin este útil colectivo para reflexionar y actuar no se hace política. Se trata de un debate desde la base y de una reconstrucción reflexionada de nuestras estructuras de dirección, de los mecanismos de coordinactión y de intervención pública, de nuestras escuelas de formación y de nuestros seminarios, de nuestra prensa.
Esto implica una doble corrección.
Ciertamente tenemos, desde hace tiempo, una debilidad en cuanto a la definición de nuestros propios objetivos organizacionales, de nuestro propio funcionamiento interno, de la acogida y encuadramiento de los miembros, de la formación teórica y política, de la aparición pública, de la propaganda y de la agitación. Este problema reenvía a otra debilidad: « hay un decalaje importante entre nuestra influencia difusa en el seno de los movimientos y el reforzamiento político y organizacional de nuestras secciones » (6). La respuesta no es solamente una propaganda por el socialismo (en sus diferentes aspectos: estrategia, reivindicactiones anticapitalistes transitorias, modelo de sociedad, historia de la explotación y de la opresión, el movimiento obrero…). La respuesta consiste en « demomostrar que ella [la IV Internacional] tiene desde hoy una función propia a cumplir en la actividad corriente, el trabajo de masas y el movimiento. Esto necesita especialmente una propaganda más regular y más sostenida de nuestras ideas, una agitactión más consistente, una voluntad de debate político y estratégico, un sistema de organización reforzdo como soporte » (7). El problema es ciertamente organizativo. Pero no es solamente esto : es la capacidad de reflexionar y de definir unos objectivos políticos sostenibles en el corto y medio plazo.
Este relanzamiento de la IV Internacional no conduce a una auto-afirmación sectaria sino a una dinámica de apertura, de dialogo, de colaboración y de reagrupamiento unitairio: « Nuestra tarea principal como IV Internacional consiste en contribuir a une vasta reorganización del movimiento obrero y social a escala mundial teniendo como perspectiva la constitución de una nueva fuerza internacionalista, pluralista, revolucionaria, militante y con impacto de masas » (8). Esta afirmación implica una revisión importante de lo que es y podría hacer la IV Internacional. Ella no es «el partido mundial de la revolución socialista » (objetivo que ella se había fijado en el momento de su constitución), tampoco el núcleo central de un futuro partido como éste. Los sesenta y cinco años que nos separan de su proclamación no han estado marcadas por un proceso de reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias, sino por rupturas, separación de caminos, estallidos. Somos una corriente trotskista entre otras, una corriente revolucionaria entre otras. El capítulo se cerró cuando la IV Internacional podía tener la perspectiva de ser llevada a la cabeza del proceso revolucionario, mediante un grran esfuerzo militante, un justo análisis y una batalla lograda en el seno del la órbita trotskista.
Tenemos el orgullo de pensar que hemos atravesado un periodo histórico difícil pudiendo reivindicar este pasado y que tenemos un papel importante a jugar, una gran responsabilidad política… Pero sobre todo tenemos la convicción que esto será por una colaboración sistemática con otras corrientes radicales no-sectarias y, sobretodo, con fuerzas nuevas que los nuevos partidos y la nueva Internacional se impondrán. Esta reorientación está reflejada en nuestras proposiciones unitarias. También ha desembocado en la reescritura de nuestros estatutos.
En una nueva Internacional la IV Internacional será una corriente entre otras. Ello comportará ciertamente una continuidad. Pero lo más importante siempre ha sido, y también esta vez: una refundación sobre un nuevo programa cuya renovación, con toda evidencia, se hará a partir de una nueva constelación social e ideológica.
[1] François Vercammen es miembro del Comité internacional de la IV Internacional y de su Buró ejecutivo