Manuel Sacristán
dimarts 31 de gener de 2006
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“Es inútil proponerse una descripción más de la situación de crisis y protesta en que se encuentran las universidades. Útil, en cambio, llamar la atención sobre algo que se nota menos: que esta situación no impide a muchos académicos –incluso liberales o progresistas– seguir satisfechos con ideales universitarios clásicos, como si la crisis no lo fuera también de éstos. Autores muy conocidos e influyentes, como Perroux, permiten incluso que su optimismo acerca de los principios les contagie el juicio de hecho sobre la realidad universitaria, hasta el punto de afirmar, por ejemplo (como se lee en el librito-epistolario con Marcuse), que la universidad es «el hogar de la libertad». Desde luego que la universidad es una de las zonas sobrestructurales de dialéctica más animada e imprevisible. Pero para comprobar que el optimismo de Perroux no refleja la práctica contemporánea no es necesario siquiera indicar la frecuencia con que las fuerzas represivas de los estados practican hoy la ocupación militar de las universidades, sino que basta con recordar cómo se sometió y sirvió al nazismo la más clásica universidad del occidente moderno, o lo fácil que fue, a partir de 1939, convertir la universidad española en un aparato de represión ideológica mediante las «oposiciones patrióticas» a que se ha referido Aranguren. Las vicisitudes personales de los numerosos universitarios españoles que emigraron tras la victoria del fascismo y los esfuerzos de unos pocos desde entonces no son «glorias de la univerdad», sino modestos elementos de la resistencia del pueblo español.”