Informe presentado este año al Comité internacional (CI) de la Cuarta Internacional
Lunes 2 de octubre de 2006
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Informe presentado este año al Comité internacional (CI) de la Cuarta Internacional por Pierre Rousset [1]
1. Este informe se concibió originalmente como un elemento de debate sobre la situación mundial. El impacto de estas catástrofes (del tsunami en el océano Índico, del Katrina en Nueva Orleans, del terremoto en Cachemira y Pakistán) es tal que se ha convertido en un hecho político que merece ser tratado como tal... Eso contribuye a integrar "lo ecológico" como un componente más de una reflexión de carácter general (y no como un capítulo artificialmente "añadido" al orden del día tradicional).
2. Utilizo aquí el término de "catástrofes naturales" sin prejuzgar sus orígenes (naturales o humanas).
Después de haber mencionado las semejanzas entre todos los tipos de catástrofes naturales, se llega aquí a una importante diferencia, según los "orígenes". Puede ser interesante que te expliquen la tectónica de placas, pero eso solo tiene una incidencia limitada sobre nuestras acciones. En cambio, el problema consiste en cambiar el impacto humano en la dinámica del clima. No se puede saber cómo sin intentar recapitular los conocimientos científicos en este ámbito.
3. La evolución actual del clima es uno de los principales síntomas de la amplitud del cambio cualitativo que se ha producido estas últimas décadas en la dinámica de las (o de la) crisis ecológicas. Ha habido muchas crisis ecológicas anteriormente, pero eran locales o regionales. La novedad es que el capitalismo contemporáneo (posterior a 1960) ha abierto una crisis ecológica de origen humano a dinámica global.
A. La iniquidad y la incuria del sistema dominante al descubierto
La sucesión de estas catástrofes ha tenido una enorme potencia de demostración. La crítica del capitalismo realmente existente ha aparecido con la fuerza de la evidencia. En efecto, la incuria se manifestó en todas las etapas del drama.
* Orígenes: lógicas de beneficio ciegas y destructivas. Porque operan mediante los elementos naturales, las catástrofes de las que hablamos aquí plantean de manera aguda la cuestión ecológica. El impacto de las lógicas de beneficio aparece en efecto a todas las escalas. A pequeña escala, con la destrucción de las protecciones naturales como las zonas húmedas (marismas...) o la vegetación costera (bosques de manglares...). A escala global con las emisiones de gas de efecto invernadero.
* Desigualdades en la prevención, prioridades belicosas. Los ejemplos abundan. Se establecieron algunos sistemas de alerta anti-tsunami en el Océano Pacífico para proteger las costas de Japón y Estados Unidos, pero no en el Océano Índico; se desviaron algunos fondos destinados a mantener los diques de Nueva Orleans para los gastos de la guerra en Irak; en Pakistán, ni la administración ni el ejército (omnipresente) se prepararon para intervenir con motivo de un terremoto (previsible) en Cachemira...
* Desigualdades ante la urgencia. De manera general, las ayudas oficiales (nacionales e internacionales) tardaron en llegar. Después, la ayuda de urgencia afectó de manera muy desigual, con fenómenos alarmantes "de invisibilidad" de los pobres y los sectores más oprimidos de la población (los dálit en la India, tamiles en Sri Lanka, montañeses rurales en Pakistán, negros en los Estados Unidos...). Los circuitos de la ayuda se han casado en la mayoría de casos con los roles de dominación (clases, castas, género), de clientelismo político y religioso, de corrupción.
* Dependencias geoestratégicas. La ayuda internacional de los Estados se moduló en función de intereses geoestratégicos que tienen muy poco que ver con las exigencias humanitarias. Es una de las razones por la cual toma una forma militar. Eso fue especialmente evidente en el Océano Índico con el envío (además tardío) de fuerzas navales estadounidenses o francesas a un sector clave (la ruta del petróleo entre los océanos Índico y Pacífico) y a zonas de conflicto.
* Reconstrucción. Los desastres a menudo son percibidos por los poseedores como muy buenas ocasiones que deben aprovecharse... El tsunami limpió las costas, destruyendo los pueblos de pescadores, y el Katrina ahogó barrios desheredados de Nueva Orleans. Para las políticas oficiales de reconstrucción, los más pobres vuelven a ser "invisibles".
B. Un campo de acción y las políticas de ayuda
Las políticas de ayuda es un asunto con múltiples facetas. Una de las principales cuestiones políticas que se plantean a las asociaciones de respuesta urgente es la de su independencia ante los gobiernos, especialmente ahora que los ejércitos intervienen en el mismo sitio (y que se libran "guerras humanitarias"). La intervención de las asociaciones de respuesta urgente tiene su legitimidad... Pero nuestro campo de acción privilegiado -sobre el cual nos responsabilizamos directamente- es el de la solidaridad directa, "de pueblo a pueblo", encargado por las organizaciones "sobre el terreno", progresistas, políticas, asociativas y sindicales. Hay aquí una elección política: tejer y reforzar vínculos entre organizaciones revolucionarias y populares, tanto a nivel local o nacional como a nivel internacional. Y no solo por razones de programa u orientación general (nuestros compromisos militantes). Es también por razones de eficacia, ya que la experiencia del último año confirma la eficacia propia, irreemplazable, de este campo de acción. Querría insistir al respecto, ya que eso va contra la creencia de que las megaintervenciones de los Estados o grandes organizaciones humanitarias son necesariamente más eficaces.
* Una alternativa a la lógica del beneficio. Las organizaciones populares, progresistas, luchan por otra lógica global que parta de las necesidades sociales y realidades ecológicas. Combaten el problema de fondo y no sólo las consecuencias. Es esencial para el pleno desarrollo de las políticas de prevención igualitarias en materia de catástrofes naturales. Pero es también lo que explica la eficacia práctica sobre el terreno.
* Eficacia en la urgencia... Es especialmente evidente en el caso del tsunami en que sólo una banda costera fue devastada: las organizaciones populares locales estaban las primeras en el terreno. Aparte de las zonas turísticas y urbanas, las ayudas oficiales tardaron varios días en llegar - y aún más las ayudas internacionales. El caso del Cachemira es interesante. La Labour Relief Campaign (para la cual RG recogió dinero) fue la primera sobre el terreno en la zona elegida para su acción; la primera también en empezar a construir un centenar de casas rústicas en vez de limitarse a plantar tiendas incapaces de ofrecer un refugio durante el invierno montañés.
* Solidaridad de "pobres a pobres". Las ayudas urgentes así garantizadas por las organizaciones populares representan una solidaridad de "pobres a pobres", a menudo puesta en marcha bajo la dirección de mujeres. Lo que garantiza una prioridad social en favor de los más necesitados/as, contrariamente a la acción de las administraciones.
* Solidaridad económica. La solidaridad garantizada por las organizaciones populares es poco costosa, ya que es militante y pone en marcha los recursos locales.
* Conocimiento del terreno social. Las organizaciones de vecindad tienen un conocimiento de las realidades sociales locales que toda política de ayuda debe tener en cuenta.
* Presencia en la continuidad - ¿qué reconstrucción? Las organizaciones populares pueden garantizar una presencia en la continuidad y hacer conscientemente el vínculo entre política urgente y política de reconstrucción.
* Planteamiento socialmente solidario. “Popular” toma aquí un sentido político: socialmente solidario. Se trata obviamente, pero no sólo, de defender a los más explotados/as y oprimidos/as ante el poder del dinero, los Estados y los ejércitos. Se trata también de afirmar una alternativa ante los movimientos "castistas", racistas, xenófobos y fundamentalistas. Si las formas de intolerancia varían, el problema de fondo permanece. Ahora bien, una política de ayuda ante una catástrofe natural es una ocasión por excelencia para afirmar un proyecto solidario en el sentido fuerte de la palabra. El concepto de solidaridad "de pueblo a pueblo" es el inicio, el ángulo de enfoque que nos permite abordar esta cuestión.
* Planteamiento reivindicativo y fundamental. Por supuesto, la solidaridad de "pueblo a pueblo" o de "pobres a pobres" no lo puede todo. Pero es eficaz, y no solamente "políticamente justa". Debemos, en el ámbito de la ayuda, como en otros, actuar conjuntamente sobre dos planes. Un plan "reivindicativo" poniendo a los Estados ante sus responsabilidades (fue bajo la presión de la opinión pública, después del tsunami, que los gobiernos occidentales tuvieron que aumentar sus compromisos financieros, que eran en un principio ridículos). Un plan más fundamental: desplegar nuestra propia política sobre este terreno - y en consecuencia pensarlo.
C. Elementos de reflexión en torno a tres tipos de iniciativas
1. La ayuda a las "organizaciones hermanas." Pero sólo moviliza generalmente a los militantes y simpatizantes de los movimientos en cuestión. 2. El apoyo a campañas colectivas iniciadas por los movimientos sociales. En este marco, la ayuda "de pueblo a pueblo" toma forma. La campaña financiera puede ganar en amplitud. Se refuerzan los vínculos múltiples de solidaridad que se tejen en el marco del movimiento altermundialista. 3. Impulsar una iniciativa de solidaridad. En el caso de Pakistán/Cachemira... la elección fue también apoyar a organizaciones populares paquistaníes "sobre el terreno" (más que ONG), independientes del régimen militar y de los movimientos fundamentalistas, trabajando en una perspectiva socialmente solidaria - es decir intercomunitaria, laica (en este caso, con referencia a los valores del movimiento obrero).
Problemas políticos concretos.
Un ejemplo. Cachemira carecía cruelmente de helicópteros para las ayudas en alta montaña mientras que había un montón en Afganistán, país fronterizo. Denunciamos -con razón- la pasividad de las potencias occidentales. Al mismo tiempo -y también con razón- rechazamos la intervención humanitaria de los ejércitos de la OTAN en Cachemira (así como en Sri Lanka o Indonesia). ¿Cómo superar esta paradoja? Habiéndome enterado de que el programa de la ONU para la intervención de urgencia debía alquilar (muy caros) los helicópteros necesarios para su acción (y que carecía de fondos), escribí que los ejércitos debían prestar gratuitamente sus unidades para que fueran utilizados en el marco de una intervención civil. ¿Era la buena respuesta?
D. A manera de conclusión sobre la ayuda
Debería ser preocupación constante para la solidaridad internacional. Nos es obviamente imposible responder a todas las llamadas. Pero es necesario, más que en el pasado, considerar el terreno de la ayuda como un campo de intervención, como un componente duradero de una política internacionalista.
Nos encontramos, por lo que se refiere a la lucha contra el cambio climático, con la misma exigencia que con las cuestiones de ayuda: combinar agitación anticapitalista ante la incapacidad de los gobiernos de adoptar las medidas necesarias con campañas sobre objetivos concretos. Pero esta doble exigencia se plantea aquí en términos bastante diferentes.
Ante el peligro de tsunamis y terremotos, se puede hacer una lista de medidas precisas, simples: colocar captadores de tsunamis en el Océano Índico, mejorar el sistema internacional de alerta, desarrollar otra vez las protecciones naturales como la vegetación costera (manglares, marismas...), garantizar un servicio público de salud, construir según normas antisísmicas, etc. Estas medidas no tienen nada de "revolucionario" en sí mismas. El escándalo, es que no se pusieron en práctica cuando muchas de ellas son a la vez eficaces y elementales. Por supuesto, cuestiones subyacentes, más profundas, se plantean y van a plantearse: el peso de las desigualdades sociales o de género, la lógica del beneficio capitalista que se opone al despliegue de políticas públicas de prevención, etc. Pero el combate puede comenzar por articularse en torno a reivindicaciones simples.
La diferencia, por lo que se refiere al cambio climático, es que para ser mínimamente eficaces, las medidas afectan inmediatamente a la organización de la producción. No pueden limitarse a ser "elementales"... Las medidas urgentes (destaco urgentes) se inscriben en una lógica de ruptura con el capitalismo. Es una de las particularidades de la cuestión climática que está relacionada con su carácter global (tanto en el origen como en las consecuencias).
Vista la gravedad de la crisis climática (para la raza humana), la amplitud y la naturaleza del problema planteado, es como si el "programa máximo" se convirtiera en el "programa mínimo", comprimiendo la dinámica transitoria que permite normalmente construir en la lucha el vínculo entre los dos. La ruptura con el capitalismo aparece lógicamente como la respuesta "elemental" a la cuestión planteada. La contradicción a la cual nos enfrentamos, es que la perspectiva socialista no reaparece siempre como una alternativa palpable. Hay pues una tensión particular entre las exigencias concretas (es vital actuar ahora) y la credibilidad de las soluciones reales. Ahora bien, la crisis climática nos obliga a integrar la cuestión ecológica más completamente que en el pasado, cualesquiera que sean los progresos ya realizados en este ámbito.
No se puede integrar la cuestión ecológica sin tener plenamente en cuenta la naturaleza, lo que no es nada fácil.
¡No se puede definir científicamente la composición ideal de la biosfera y reproducirla artificialmente! Se puede, por el contrario, constatar (es un buen punto de partida) que el estado previo de las cosas nos fue muy favorable y que uno de los medios de preservarlo es preservar los ecosistemas que le corresponden. La transformación de las lógicas productivas (y consumidoras) no debe solamente permitir reducir la producción de dióxido de carbono; es necesario modificar radicalmente las relaciones sociedad humana/naturaleza.
No se trata de oponer abstractamente actividades humanas y espacios naturales... Pero el capitalismo tiene sus razones que la razón socioecológica ignora: impone en nombre del progreso métodos productivos que son irracionales tanto desde el punto de vista social como ecológico... pero que son muy racionales desde el punto de vista de la búsqueda del beneficio y el poder.
La crisis ecológica global... nos obliga, en particular, a estudiar mecanismos naturales para fundar nuestra acción política. Pero se va a tropezar con varias dificultades.
No es fácil popularizar y asimilar políticamente conocimientos científicos y chocamos también con los límites de estos conocimientos con respecto a los sistemas extremadamente complejos. Pero no podemos concluir que basta con combatir la cuestión de las relaciones sociales, sin analizar más específicamente el impacto humano en la naturaleza y los mecanismos naturales.
Debemos tener en cuenta toda la cuestión ecológica. Por ejemplo, luchamos conjuntamente por la reducción de las emisiones de efecto invernadero (y contra la dictadura del lobby petrolífero) y contra las nucleares (y la dictadura del lobby atómico).
También es necesario garantizar la coherencia de las gestiones sociales y medioambientales. Las medidas medioambientales que preconizamos no deben aumentar las desigualdades sociales (o internacionales). Sería injusto. Y sería también ineficaz. Sin apoyo popular, no se ganará la batalla por las reformas ecológicas (que se oponen a la lógica del capital). Es necesario crear una relación de fuerzas social, lo que exige un planteamiento igualitario. Es teniendo en cuenta esto que se puede abordar la cuestión del "precio justo" de la energía o los impuestos "ecológicos". El acceso a la energía es un derecho fundamental por el cual combatimos. No se puede volver a poner este combate en cuestión orientando la batalla ecológica sobre una subida masiva de los precios de la energía en nombre de la verdad de los costes y de la restricción del consumo (con la cuenta pagada por los no ricos).
Y recíprocamente: no se pueden ya, en nombre de la urgencia social, impulsar medidas que tendrían como consecuencia empeorar la crisis ecológica. La urgencia medioambiental no es en efecto menor.
Para decir las cosas de otra forma: no se puede tener dos programas paralelos, que se ignoran el uno al otro: el primero social y el segundo medioambiental (es el caso a menudo de los partidos verdes). Una de las principales exigencias a que nos enfrentamos es vincular uno con otro.
Todo eso es muy fragmentario y tiene por objeto solamente reintroducir un debate... . Pero no es necesario esperar respuesta a todo esto para comprometerse en el terreno militante y participar en las campañas unitarias. Con el objetivo particular de hacer el vínculo entre distintos ámbitos: estructura de clases y método de producción, culturas y tradiciones militantes, naturaleza, tecnologías...
[1] Artículo publicado en el número #27 de RG