de 2006
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Per Michael Löwy
La palabra "bárbaro" es de origen griego. Ella designaba, en la Antigüedad, a las naciones no griegas, consideradas primitivas, incultas, atrasadas y violentas. La oposición entre civilización y barbarie es, entonces, antigua. La misma encuentra una nueva legitimidad en la filosofía de los iluministas y será heredada por la izquierda. El término "barbarie" tiene, según el diccionario, dos significados distintos, pero relacionados: "falta de civilización" y "crueldad del bárbaro". La historia del siglo XX nos obliga a disociar esas dos acepciones y a reflexionar sobre el concepto -aparentemente contradictorio, más de hecho perfectamente coherente- de "barbarie civilizada".
¿En qué consiste el "proceso civilizatorio"? Como bien demostró Norberto Elias, uno de sus aspectos más importantes es que la violencia no es ejercida de manera espontánea, irracional y emocional por los individuos, sino que es monopolizada y centralizada por el Estado, más precisamente por las fuerzas armadas y la policía. Gracias al proceso civilizador, las emociones son controladas, el camino de la sociedad es pacificado y la coerción física queda concentrada en las manos del poder político. Lo que Elias parece no haber percibido es el reverso de esa brillante moneda: el formidable potencial de violencia acumulado por el Estado que, inspirado por una filosofía optimista del progreso, todavía podía escribir en 1939: "comparada con el furor del combate abisinio (...) o de aquellas tribus de la época de las grandes migraciones, la agresividad de las naciones más belicosas del mundo civilizado parece moderada (...), ella sólo se manifiesta en su fuerza brutal y sin límites en sueños y en algunos fenómenos que nosotros calificamos de ’patológicos’".
Algunos meses después de que esas líneas fueron escritas, comenzaba una guerra entre naciones "civilizadas" cuya "fuerza brutal y sin límites" es simplemente imposible de comparar con el pobre "furor" de los combatientes etíopes: tamaña es la desproporción. El lado siniestro del "proceso civilizador" y de la monopolización estatal de la violencia se manifestó en toda su terrible potencia.
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