El criticaire
Un llibre de Pepe Gutiérrez
dilluns 15 de desembre de 2003
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Pedro Montes
“Estoy seguro que en la medida en que avance en las páginas que siguen, el lector podrá comprobar que tiene en sus manos un valioso libro, un escrito merecedor de divulgarse entre la izquierda. Es más, que debería ser de obligado conocimiento para todos aquellos que ya no creen en la lucha de clases y han perdido la fe en la eficacia de la lucha del movimiento obrero. Con independencia de otras cualidades, se trata de un magnífico documento histórico sobre la práctica, en una empresa concreta, de un sindicalismo firme durante más de treinta años. Se trata de un sindicalismo firme, combativo, democrático, participativo, solidario, internacionalista, no sectario, impregnado de ideología, imbuido de política y comprometido con todos los asuntos que deben interesar a un movimiento político y social radical. Tal como se preocupaba CCOO en sus orígenes.
El interés y la ejemplaridad de la experiencia contada se acentúan porque tal Sindicalismo se desarrolló durante la mayor parte del tiempo a contracorriente de la orientación de las direcciones sindicales, el cual está cada vez mas alejado del clima social surgido con el proceso degenerativo que han sufrido los sindicatos en nuestro país. De dicho proceso, cabe recordar sus orígenes –sobretodo, porque su final aún no está escrito...
Caben pocas dudas que la firma en octubre el 1977 del Pacto de la Moncloa por parte de todos los partidos parlamentarios representa un punto de inflexión en la trayectoria del sindicalismo en nuestro país... Desde el principio, los trabajadores [de Miniwatt] denunciaron el Pacto de la Moncloa y se saltaron su aplicación. Sabido es que el tema salarial constituyó un punto esencial del acuerdo. La economía, entonces, sufría una aguda espiral inflacionista y uno de los objetivos cruciales del mismo fue controlar la evolución de los salarios para amortiguar las subidas de precios y, también, como no, para promover el trasvase de renta de los salarios a los beneficios y facilitar la recuperación de la tasa de ganancia. Se impuso entonces la moderación salarial.
Los trabajadores de Miniwatt combatieron con tenacidad todos esos acuerdos lesivos. Lucharon decididamente contra la degradación sindical que estaba produciéndose y trataron de seguir actuando con los criterios y objetivos naturales del Sindicalismo. No obstante, cada vez lo hacían en condiciones más adversas, ya que a nadie se le escapa que no es lo mismo tener la corriente a favor que ir contra ella. Es decir, con un movimiento obrero débil, mal dirigido y casi entregado.
Los retrocesos experimentados durante las últimas décadas en los derechos laborales, que son ahora aceptados como un lugar común de las características del empleo y de las prácticas sindicales, fueron combatidos con firmeza y métodos contundentes por los trabajadores de Miniwatt: la oposición al aumento de los ritmos en las cadenas, el rechazo a los expedientes de regulación de empleo, el rechazo a la doble escala salarial, etc. También se impidieron las horas extras, se levantaron obstáculos a las subcontratas –como, por ejemplo, el comedor de la empresa.
Todo lo que significaba aumento de la explotación y todo lo que podía acarrear división en la fábrica fue combatido! Por el contrario, se fomentó la solidaridad sin límite con los despedidos. El principal objetivo fue la equiparación de salarios de hombres y mujeres. Por no referirnos al contundente apoyo dado a todas las movilizaciones generales de los trabajadores o la atención prestada a los asuntos políticos; por ejemplo, los paros por los últimos fusilamientos de Franco o el referéndum llevado a cabo en la empresa sobre la OTAN. O como el ejemplo dado contra todo sectarismo con el respaldo dado por los afiliados de CC OO a la huelga convocada por la UGT contra la invasión de Irak por parte del ejército de Estados Unidos.”
“El lector que quiera una lectura sosegada e imparcial de los hechos, se ha equivocado de libro. Esta es una historia parcial, apasionada, contada desde abajo. Guiada desde una concepción obrera sobre la historia reciente, concebida desde la propia experiencia de un sindicalismo que no se resignó ante los pactos y las renuncias que convirtieron al movimiento obrero en el pariente pobre de unas libertades que eran más suyas que de nadie.
Este libro tiene pues claro quiénes son los nuestros. Los nuestros son los enanos del cuento que se hacen grandes con la acción consciente. Por su compromiso, por una causa colectiva más grande que ellos.” Pepe Gutiérrez