Internacionalismo: un brevario
Perry Anderson
Viernes
4 de mayo de 2007
Todas las versiones de este artículo:
“Pocas nociones políticas son a la vez tan normativas y tan equívocas
como la de internacionalismo. Hoy en día, por todo el discurso oficial de
Occidente resuenan apelaciones a una expresión que durante mucho
tiempo fue un distintivo de la izquierda. Con independencia del sentido
que se le otorgue, el significado del internacionalismo depende, como es
lógico, de una concepción anterior de nacionalismo, ya que aquél sólo
tiene aceptación como construcción secundaria que hace referencia a su
contrario. Sin embargo, mientras que el nacionalismo es, de entre todos
los fenómenos políticos modernos, el que más ha visto puesto en tela de
juicio su valor –con una variación de los juicios que se hacen de su historial
que abarca todo un arco de 180 grados, desde la admiración hasta
el anatema–, el internacionalismo no se ve afectado de semejante esquizofrenia
de connotaciones: sus implicaciones son casi siempre positivas1.
Pero el precio de esta aprobación es la indeterminación. Si nadie duda de
la realidad del nacionalismo, pero pocos están de acuerdo en lo relativo
a su valor, en el exordio del nuevo milenio, el estatuto del internacionalismo
parecería ser más o menos el contrario. Todas las partes lo reivindican
como valor, pero ¿quién puede identificarlo como una fuerza sin
verse puesto en duda?”